El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 es el último capítulo -y el más sanguinario- dentro de una escalada de violencia desarrollada durante los veinte años previos a éste. El derrocamiento de Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955 abrió una nueva etapa en la historia argentina, caracterizada por la proscripción del Partido Justicialista y la sucesión de diferentes gobiernos militares con frágiles gobiernos democráticos. En este artículo examinaremos estos años previos para encontrar en la situación histórica, razones para entender por qué hubo una dictadura de estas características. Como es un análisis extenso vamos a publicar el artículo en dos partes: la primera analiza desde 1955 hasta 1966, y la segunda desde la "Revolución Argentina" del '66 para concluir, finalmente, con el golpe del '76.
Durante la autoproclamada "Revolución Libertadora" (que venía a "liberar" al pueblo del yugo del "tirano") de 1955 se intentó
desperonizar a la sociedad, apelando no sólo a la proscripción, sino también a la prohibición de nombrar cualquier palabra relacionada con el peronismo o la exhibición de símbolos pertenecientes a este movimiento. El General Eduardo Lonardi, primer presidente de esta dictadura, tenía una postura moderada respecto del peronismo, en comparación con otros sectores golpistas, por ejemplo, la Marina. Él proponía un
peronismo sin Perón, es decir, mantener un modelo mercado internista, proyecto opuesto a los intereses liberales.

Rápidamente, Lonardi fue reemplazado por Pedro Eugenio Aramburu, que sí llevó adelante los objetivos más extremos de la "Libertadora": derogó la Constitución del '49 (a excepción del artículo 14 bis), intervino sindicatos, etc. Sin embargo, los intentos de
desperonizar la sociedad argentina no iban a tener éxito.
En junio de 1956, se produjo un levantamiento de militares y civiles, comandado por Juan José Valle, que fue reprimido fuertemente. Los fusilamientos ilegales serían investigados y relatados por Rodolfo Walsh en el célebre libro
Operación masacre. La violencia física y simbólica del gobierno de Aramburu, lejos de "disciplinar" a la sociedad, podemos llegar a pensarla como un embrión de la posterior violencia, tanto como un momento fundante del Terrorismo de Estado, así como una "espina clavada" para el peronismo; siendo justamente Aramburu la primera víctima de Montoneros (fue secuestrado y condenado como traidor a la patria en un juicio revolucionario).