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martes, 1 de diciembre de 2015

Marcha Atrás: una historia

Algo así era nuestro blog en su primer día.
Un día descubrí que los historiadores somos nostálgicos. Como el efecto secundario de un remedio. Estudiar historia te contractura, te hace doler la cabeza, no te deja dormir por días. Y da nostalgia. Ojo, no digo la vieja nostalgia que en los siglos de la modernidad era lo mismo que decir depresión. No, esta vez no les voy a contar una historia para pensar, les voy a contar otra historia: la de Marcha Atrás.
Vivimos criticando las fechas en el grupo, el estudiar la revolución de mayo solo los 25 o pensar que la historia puede ser solo resumida a un puñado de efemérides. Pero como ya les dije, esta vez no quiero pensar y los cinco años que hace que este blog está on-line y funcionando me hacen poner nostálgico y con ganas de pensar cuando todo esto (y es un todo bastante grande ya) era solo una idea, o siquiera una chispita de idea que pasó por la cabeza de cada uno hace un poco más de cinco años.

lunes, 1 de septiembre de 2014

"El Poder de la Nación": El Orden Conservador Argentino 1880 - 1916. Primera parte

Chiste de la revista "el Mosquito" sobre Roca

Cuando pensamos en el inicio de la Argentina como País podemos hablar de diferentes fechas: desde 1776 cuando se instauró el Virreinato del Río de la Plata (como dirían algunos historiadores muy tradicionales), en 1810 y 1816 (como diría cualquier acto escolar), cuando se firmó la primer Constitución en 1853 (donde aparece por primera vez oficialmente el nombre Argentina), o en 1860 (Cuando "Argentina" se transforma en "Nación" y se agrega Buenos Aires). Pero claramente el momento del cual vamos a hablar despeja todas las dudas. No nos podremos de acuerdo de cuando se nace, pero seguro cuando el país termina de formarse y se da la vuelta a la página de la complicada historia del siglo XIX en el territorio, aunque sea para  abrir otra página complicadisima de la Argentina.

martes, 20 de mayo de 2014

El asesinato de Mugica

Carlos Mugica fue un sacerdote que no pasó nunca desapercibido. Tenía tanto seguidores como detractores. Los inicios de su vida se dan en las comodidades de una familia aristocrática de Barrio Norte. Sin embargo, se lo recuerda hasta hoy en día por su acción en la villa de Retiro junto a los más pobres, habiendo sido uno de los referentes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM). Su experiencia en los barrios pobres en 1955, observando la tristeza popular por el golpe de Estado contra Perón, lo convierte en peronista, a pesar de que en los últimos años se habían enfrentado la institución eclesial con el gobierno.
Diario Crónica del 12 de mayo de 1974.

Los años ‘60 significan una radicalización del catolicismo, a partir del Concilio Vaticano II y la Conferencia Episcopal de Medellín, pero también en base a las experiencias previas de los religiosos que convivían con la realidad del continente. Un camino considerado posible de transformación era la lucha armada. El sacerdote y guerrillero colombiano Camilo Torres es el mayor ejemplo del compromiso cristiano, hasta el punto de tomar las armas. Mugica en un primer momento considera la lucha armada, pero más adelante la condena, lo que lo conduce a un distanciamiento de sus ex discípulos, dirigentes de Montoneros. Con el regreso de Perón, forma parte del Ministerio de Bienestar Social, bajo el siniestro “Brujo” López Rega, aunque enfrentado a éste. El día sábado 11 de mayo de 1974. Mugica salía de dar la misa en la parroquia San Francisco Solano, en el barrio porteño de Villa Luro (no en Mataderos, como suele figurar en la mayoría de la bibliografía). En la calle, un hombre llamó a Mugica y al darse vuelta, recibió los disparos, que provocaron más tarde su muerte.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El 19 y 20 de diciembre: la consolidación de la democracia

El 10 de diciembre de 1983, con la asunción de Raúl Alfonsín, comenzó una nueva etapa en la historia argentina. La salida de la dictadura más feroz de nuestra historia le abrió el paso a una transición democrática. Esta democracia era todavía muy frágil: estaba acechada por los levantamientos de los militares “carapintadas”, en reacción a los juicios sobre la participación de los miembros de las Fuerzas Armadas en el golpe. Si se observaban los últimos cincuenta años de historia, nuestro país había sufrido seis golpes de Estado, además de varios intentos fallidos. También, como consecuencia del terrorismo de Estado, la antes politizada población argentina miraba ahora con descrédito la participación política (pensemos en la lamentablemente mítica frase “algo habrán hecho” o la “teoría de los dos demonios”), agudizándose esto con el fin de la “primavera alfonsinista”, a partir del cierre de los juicios en 1987.
La hiperinflación hizo adelantar el cambio de gobierno entre Alfonsín y Carlos Saúl Nemen. La salida económica a esta crisis, con Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía (presidente del Banco Central en los últimos años de la dictadura), y su “uno a uno” (un peso argentino igual a un dólar) parecieron colocar a la Argentina en el “Primer Mundo”. Mientras permanecía en la sociedad argentina esta sensación, otros temas parecían perder importancia. Se aprobó el indulto a los militares condenados en el Juicio a las Juntas, se privatizaron las empresas de servicios públicos y se profundizó el proceso de desindustrialización, dejando sin trabajo a una parte importante de la población. A pesar de todo esto, el presidente, reforma constitucional mediante, fue reelecto en 1995.

jueves, 15 de septiembre de 2011

La revolución y el pueblo

La mayor parte de los argentinos podemos recordar seguramente haber participado o visto alguna vez aquellas típicas obras escolares, con algunos chicos y chicas disfrazados de negritos y negritas, otros bailando chacareras y malambos y, muchas veces, con los protagonistas -aquellos papeles tan codiciados por muchos, que acaparaban siempre unos pocos- disfrazados de Saavedra, Moreno, Paso, Belgrano, etcétera, “haciendo” la Revolución de Mayo (y claro, Mariquita Sánchez de Thompson o alguna otra esposa para que hubiera alguna protagonista femenina). Ahora, ¿la Revolución de Mayo solo fue un hecho puntual realizado por unos pocos iluminados mientras que un montón de negritos vendían agua y otro montón de negritas ofrecían mazamorra y empanaditas calientes por la calle?

A lo largo de la historiografía argentina muchas veces pareciera que se siguió ese esquema de unos pocos protagonistas, donde la mayor parte de la gente solo obedecía y no cambiaba nada. Por suerte, en los últimos años estas imágenes han comenzado a cambiar.

Conviene primero imaginar a la Buenos Aires de ese momento. En cierto punto, si recordamos la típica imagen del manual escolar podemos pararnos en la entonces Plaza Mayor (donde ahora está la Plaza de Mayo), frente al Cabildo y ver a muchísima gente de distintos colores y orígenes, realizando muchas actividades distintas. Podemos entonces darnos cuenta de que la plebe de Buenos Aires (como se la llamaba entonces) era muy diversa. Pero más allá de esto, y retomando nuestra pregunta, ¿cuál fue el papel de esta masa heterogénea tanto étnica, como social y laboralmente?

Como dijimos, la historiografía argentina ya empezó a dar algunas respuestas a esta pregunta. ¡Viva el bajo pueblo!, de Gabriel Di Meglio, busca analizar el papel de la plebe urbana de Buenos Aires en la política entre 1810 y 1830, y mostrar su influencia determinante en los sucesos políticos de la época. Para él es imposible entender lo sucedido en esos años sin tener en cuenta la participación plebeya. Ahora bien, a la hora de pensar y ver esa participación es imposible restringirse a los ámbitos tradicionales de la política.
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