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martes, 20 de agosto de 2013

Ilustrando la ilustración 3: Aquellos hombres pobres

Ya estamos por una tercera entrega de posteos dedicados a la dichosa ilustración. Hablamos en el primero sobre las discusiones en torno a ella y como las visiones más modernas mostraban un panorama social complejo que influía en la ilustración y el futuro de la cultura europea que sus grandes nombres.
En el segundo observamos como, incluso viendo a estos hombres de letras, había más cambios en la forma de socializar y vivir que en sus pensamientos y esto cambios fueron la mayor innovación de esta primera mitad del siglo XVIII. Ahora vamos a ver que hay otro lado, uno mucho más oscuro pero interesante que estos hombres que se juntaban a cambiar el mundo desde su pensamiento. Estamos hablando de las clases medias y bajas de la sociedad europea. 

jueves, 29 de diciembre de 2011

El 19 y 20 de diciembre: la consolidación de la democracia

El 10 de diciembre de 1983, con la asunción de Raúl Alfonsín, comenzó una nueva etapa en la historia argentina. La salida de la dictadura más feroz de nuestra historia le abrió el paso a una transición democrática. Esta democracia era todavía muy frágil: estaba acechada por los levantamientos de los militares “carapintadas”, en reacción a los juicios sobre la participación de los miembros de las Fuerzas Armadas en el golpe. Si se observaban los últimos cincuenta años de historia, nuestro país había sufrido seis golpes de Estado, además de varios intentos fallidos. También, como consecuencia del terrorismo de Estado, la antes politizada población argentina miraba ahora con descrédito la participación política (pensemos en la lamentablemente mítica frase “algo habrán hecho” o la “teoría de los dos demonios”), agudizándose esto con el fin de la “primavera alfonsinista”, a partir del cierre de los juicios en 1987.
La hiperinflación hizo adelantar el cambio de gobierno entre Alfonsín y Carlos Saúl Nemen. La salida económica a esta crisis, con Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía (presidente del Banco Central en los últimos años de la dictadura), y su “uno a uno” (un peso argentino igual a un dólar) parecieron colocar a la Argentina en el “Primer Mundo”. Mientras permanecía en la sociedad argentina esta sensación, otros temas parecían perder importancia. Se aprobó el indulto a los militares condenados en el Juicio a las Juntas, se privatizaron las empresas de servicios públicos y se profundizó el proceso de desindustrialización, dejando sin trabajo a una parte importante de la población. A pesar de todo esto, el presidente, reforma constitucional mediante, fue reelecto en 1995.

jueves, 15 de septiembre de 2011

La revolución y el pueblo

La mayor parte de los argentinos podemos recordar seguramente haber participado o visto alguna vez aquellas típicas obras escolares, con algunos chicos y chicas disfrazados de negritos y negritas, otros bailando chacareras y malambos y, muchas veces, con los protagonistas -aquellos papeles tan codiciados por muchos, que acaparaban siempre unos pocos- disfrazados de Saavedra, Moreno, Paso, Belgrano, etcétera, “haciendo” la Revolución de Mayo (y claro, Mariquita Sánchez de Thompson o alguna otra esposa para que hubiera alguna protagonista femenina). Ahora, ¿la Revolución de Mayo solo fue un hecho puntual realizado por unos pocos iluminados mientras que un montón de negritos vendían agua y otro montón de negritas ofrecían mazamorra y empanaditas calientes por la calle?

A lo largo de la historiografía argentina muchas veces pareciera que se siguió ese esquema de unos pocos protagonistas, donde la mayor parte de la gente solo obedecía y no cambiaba nada. Por suerte, en los últimos años estas imágenes han comenzado a cambiar.

Conviene primero imaginar a la Buenos Aires de ese momento. En cierto punto, si recordamos la típica imagen del manual escolar podemos pararnos en la entonces Plaza Mayor (donde ahora está la Plaza de Mayo), frente al Cabildo y ver a muchísima gente de distintos colores y orígenes, realizando muchas actividades distintas. Podemos entonces darnos cuenta de que la plebe de Buenos Aires (como se la llamaba entonces) era muy diversa. Pero más allá de esto, y retomando nuestra pregunta, ¿cuál fue el papel de esta masa heterogénea tanto étnica, como social y laboralmente?

Como dijimos, la historiografía argentina ya empezó a dar algunas respuestas a esta pregunta. ¡Viva el bajo pueblo!, de Gabriel Di Meglio, busca analizar el papel de la plebe urbana de Buenos Aires en la política entre 1810 y 1830, y mostrar su influencia determinante en los sucesos políticos de la época. Para él es imposible entender lo sucedido en esos años sin tener en cuenta la participación plebeya. Ahora bien, a la hora de pensar y ver esa participación es imposible restringirse a los ámbitos tradicionales de la política.
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